
Sembrando esperanza, construyendo comunidad, encontrando paz
Publicado originalmente en inglés el 4 de diciembre de 2025, en el blog de Seth y Steph en Guatemala
¡Felices fiestas, amigas y amigos!
Esperamos que todos estén disfrutando de un tiempo de descanso y de la calidez propia de esta época del año. Hemos visto que las temperaturas han comenzado a bajar en nuestro hogar, en Kansas, y aunque aquí en Guatemala también han descendido un poco, la próxima semana tendremos temperaturas máximas entre 21 y 23 °C en San Pedro Carchá.
Hablando del clima, durante el último mes hemos pasado mucho tiempo al aire libre. Seguramente algunos se preguntan dónde nos encontramos ahora, ya que desde nuestra llegada a Guatemala hemos estado trasladándonos de un lugar a otro. ¡Buenas noticias! Ya estamos establecidos en San Pedro Carchá, el lugar donde realizaremos nuestra asignación oficial, y no volveremos a mudarnos.
Nuestro trabajo principal en Bezaleel comenzará en enero. Mientras tanto, durante todo el mes de noviembre hemos colaborado con una organización llamada ODIGUA, una organización de derechos humanos que trabaja para promover la seguridad alimentaria, la equidad de género y la convivencia pacífica en comunidades rurales de Alta Verapaz. Gracias a ello, hemos recorrido senderos entre las montañas y visitado familias que viven en comunidades muy alejadas.
Queremos contarles un poco sobre el trabajo que realiza ODIGUA.
Actualmente, el equipo de ODIGUA está conformado por tres personas: Claudia, directora de la organización; Carlos, técnico de campo; y María, secretaria-contadora. En sus primeros años, la misión de ODIGUA se centró en brindar formación a mujeres rurales que tenían poco acceso a información sobre sus derechos y oportunidades, especialmente en relación con la vida familiar y las relaciones dentro del hogar. Su objetivo era contribuir a construir una convivencia familiar basada en la paz.
Aunque este trabajo fortaleció significativamente el empoderamiento de las mujeres, la organización identificó que muchas de las familias con las que trabajaba enfrentaban serias dificultades para acceder a alimentos suficientes y nutritivos. Como nos dijo Carlos:
“Un corazón feliz va acompañado de un estómago lleno. No puede haber paz en el hogar cuando falta el alimento para quienes viven en él.”
Fue entonces cuando ODIGUA decidió ampliar su enfoque e incorporar acciones dirigidas a combatir la inseguridad alimentaria.
La mayoría de las personas agricultoras en Guatemala pertenecen a pueblos indígenas. Son excelentes agricultoras y agricultores gracias a su profundo vínculo con la tierra y a su extraordinaria ética de trabajo. Sin embargo, a pesar de su esfuerzo, rara vez reciben una remuneración justa.
Carlos, con quien Seth y yo trabajamos la mayor parte del tiempo, nos explicó que, en un mundo ideal, las familias agricultoras venderían directamente sus productos a las personas consumidoras y recibirían el valor completo de su trabajo. Lamentablemente, esa no es la realidad.
En la mayoría de los casos, las familias deben vender su producción a intermediarios que compran a precios muy bajos para luego revender los productos obteniendo la mayor ganancia. Esto ocurre, en parte, debido al aislamiento geográfico de muchas comunidades rurales y a las limitadas opciones de transporte, pero también es consecuencia de una cadena comercial profundamente desigual.
Como resultado, muchas familias apenas logran generar ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas y, en ocasiones, ni siquiera alcanzan para ofrecer una alimentación nutritiva a todos los miembros del hogar.
Para enfrentar esta situación, ODIGUA entrega semillas a más de 600 familias para que puedan producir alimentos saludables durante todo el año.
Además de las semillas, muchas familias cuentan con invernaderos construidos por la organización, los cuales les permiten iniciar la producción de sus cultivos en mejores condiciones.
A cambio de recibir las semillas, las familias participan en un taller de aproximadamente una hora que se realiza directamente en sus hogares. Los talleres que hemos podido observar abordan temas como la deconstrucción del machismo —entendido como la idea de que el hombre debe ejercer dominio para demostrar su masculinidad— y la promoción de relaciones familiares saludables.
Todas las capacitaciones se desarrollan en idioma q’eqchi’, por lo que comprendemos muy poco de lo que se conversa. Sin embargo, de vez en cuando Carlos hace una pausa para traducir algunas partes al español e invitarnos a compartir nuestras opiniones.
Nuestra rutina diaria cambia constantemente, algo que realmente disfrutamos.
Hay días en que permanecemos en la oficina de Carchá preparando paquetes de semillas. Hasta ahora hemos empacado semillas de repollo, cilantro, cebolla, acelga, zanahoria, ayote, pepino y macuy, entre muchas otras.
Otros días acompañamos al equipo a entregar semillas en comunidades rurales. Esto suele implicar caminar por senderos embarrados entre las montañas hasta llegar a viviendas rodeadas de cultivos de cardamomo, café y hortalizas.
Esos son nuestros días favoritos, porque nos permiten disfrutar de la naturaleza y conocer a muchas familias agricultoras.
Siempre es emocionante ver la alegría con la que las familias reciben nuevamente a Carlos, y la calidez con la que también nos reciben a nosotros.
Cuando el tiempo lo permite, colaboramos en diversas labores agrícolas: sembramos semillas (como se observa en la fotografía al inicio de este boletín), deshierbamos huertos —a menudo ubicados en laderas bastante empinadas— y participamos en la elaboración de fertilizante orgánico, una de nuestras actividades preferidas.
Para preparar este fertilizante, las familias reúnen hojas verdes de diferentes plantas, estiércol de gallina, materia orgánica seca, calcio y ceniza en un espacio soleado del terreno. Luego cortamos las hojas con machete (¡es sorprendentemente divertido!), mezclamos todos los ingredientes, removemos la mezcla y finalmente la cubrimos con una lona.
Nos explicaron que, después de unos veinte días, esta mezcla se transforma en un fertilizante rico en nutrientes.
Al terminar la jornada de trabajo, las familias nos invitan a entrar en sus casas y, casi siempre, nos ofrecen una abundante comida. En cuatro de cada cinco ocasiones se trata de un delicioso caldo de pollo.
El caldo es un platillo muy especial en Guatemala. Consiste en un caldo sustancioso acompañado de verduras como papa, güisquil y zanahoria, además de una pierna o un muslo de pollo.
Aunque es un platillo delicioso, ha habido semanas en las que lo hemos comido tres o cuatro veces, y terminar cada enorme plato se ha convertido en todo un desafío. En ocasiones parece que el plato contiene medio pollo completo.
Sabemos que es una muestra inmensa de cariño, generosidad y hospitalidad, aunque también significa salir de la mesa con el estómago completamente lleno. ¡Esperamos seguir teniendo fuerzas para enfrentar el enorme reto de terminar otro plato de caldo!
Aunque la barrera del idioma nos impide mantener conversaciones largas con las familias de ODIGUA, trabajar juntos, compartir sonrisas cuando ocurre algo gracioso, tomarnos fotografías (casi siempre nos lo piden debido a nuestra estatura y a que nuestra apariencia les resulta muy diferente) y orar juntos nos ha permitido construir vínculos muy especiales.
A pequeña escala, sentimos que esta experiencia representa una hermosa manera de construir paz y fortalecer la comunidad.
Si desean conocer más sobre ODIGUA o apoyar su trabajo —especialmente ahora que la organización enfrenta importantes desafíos debido a la suspensión de parte de la cooperación proveniente de Estados Unidos— los invitamos a visitar su sitio web.
ODIGUA Sembrando Esperanza